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Qué es el miedo

El miedo es una reacción normal y adaptativa del cuerpo cuando nos enfrentamos a determinadas situaciones que suponen una  amenaza para el bienestar físico o psicológico de la persona.

Para qué sirve el miedo

Es un sistema de alarma que avisa de situaciones de peligro para que la persona adopte precauciones y evite daños y perjuicios. El miedo a un accidente motiva al conductor novato a conducir con prudencia, el miedo al ridículo impulsa al orador a prepararse concienzudamente la conferencia. Del mismo modo el miedo es el ángel de la guarda de la infancia. Por miedo a perderse y a quedarse solo el niño juega en el parque sin dejar de vigilar con el rabillo del ojo y comprobar que su madre sigue sentada en el banco y no ha desaparecido. Por miedo a suspender el alumno estudia para el examen.

Además de su función protectora los miedos infantiles desempeñan un importante papel psicológico de preparación para las situaciones cada vez más estresantes a las deberá enfrentarse el niño a lo largo de la vida.

Tener miedo es una emoción que típicamente se ha asociado con la infancia, aunque se experimenta a lo largo de toda la vida, cambiando con  la edad las situaciones temidas. Quizá esta asociación se deba a que son más frecuentes las reacciones de miedo en la infancia porque existen numerosas situaciones nuevas a las que se enfrenta el niño a lo largo de su desarrollo.

Es esperable que en la infancia aparezcan los miedos evolutivos, se presentan en aproximadamente el 50% de los niños en algún momento de su desarrollo. Por ejemplo ,en los bebes a partir de los 6 meses puede aparecer el miedo a las personas extrañas, y este miedo es un signo de su desarrollo ya que para entonces el bebe ya diferencia las caras de las personas. Estos miedos disminuyen de forma significativa al llegar a la adolescencia.

Miedos evolutivos

  • En el primer año son más frecuentes los miedos relacionados con estímulos intensos o desconocidos, como pueden ser los ruidos fuertes y las personas extrañas.
  • Hasta los seis años son comunes los temores relacionados con animales, tormentas, oscuridad, seres fantásticos como fantasmas, catástrofes naturales y separación del niño  de los padres.
  • A partir de  los seis años aparece el miedo al daño físico, al ridículo y, posteriormente, a las enfermedades y accidentes, al fracaso escolar y a las disputas entre los padres.
  • A partir de los doce años y ya en la adolescencia, predominan los miedos que tienen que ver con las relaciones con los otros  y la disminución de la autoestima.

En general, los miedos físicos (animales, tormentas, daño, etc.,) aparecen en la infancia,  mientras que  los miedos sociales aparecen ya en la preadolescencia o en la adolescencia (ridículo, rechazo, hablar en público, etc.).

Miedos evolutivos en función de la edad

  • 0-6 meses: ruidos fuertes, pérdida del soporte emocional, estímulos intensos, repentinos.
  • 7-12 meses: objetos de aparición súbdita, personas extrañas.
  • 1 año: personas extrañas, separación del niño de los padres, heridas (agujas, inyecciones, cuchillos).
  • 2 años: ruidos fuertes (aspiradora, sirenas, tormentas,…), habitación oscura, separación del niño de los padres (se acrecienta).
  • 3 años: animales, oscuridad, ruidos, mascaras y disfraces, separación del niño de los padres (se acrecienta).
  • 4-5 años: animales, oscuridad, ruidos nocturnos, gente con “mala pinta”, separación del niño de los padres.
  • 6 años: brujas y fantasmas, perderse, dormir solo, oscuridad, tormentas, animales, muerte,  separación del niño de los padres.
  • 7-8 años: brujas, fantasmas, monstruos,  sombras, sótano, acontecimientos diarios que aparezcan en lo medios de comunicación, lesiones corporales.
  • 9-10 años: fracaso escolar, miedo al ridículo, lesiones corporales.

         

El miedo es un problema cuando….

Nuestro sistema no es perfecto y a veces se dispara sin razón produciendo falsas alarmas, como el niño que tiene miedo a dormir solo en su habitación y se pasa a la cama de los padres o el que se preocupa si su madre se retrasa cinco minutos al recogerlo del colegio pensando que ha sufrido un accidente de tráfico. Cuando el miedo carece de fundamento causa malestar innecesario, afecta negativamente a la persona que lo sufre.  

Síntomas de que el miedo te bloquea

El miedo provoca una reacción de ansiedad que se manifiesta, igual que cualquier emoción,  a través de  tres niveles:

  1. Cognitivo: como piensa uno al enfrentarse a la situación temida. Es fundamental el pensamiento que uno tiene sobre la situación o el estímulo para sentir miedo. Si al enfrentarnos con un perro una persona piensa que los perros son peligrosos, que seguro que se va a abalanzar sobre él y le va a morder,… es normal que tenga una reacción de miedo y que esta aumente más de lo esperable. Pero en cambio, si vemos a un perro y no tenemos este tipo de pensamientos sobre él seguramente no reaccionemos con tanto temor frente a él. Las experiencias previas ya sean propias o bien que nos hayan contado, o lo que hayamos visto en otras personas,  son en cierta medida las responsables de que tengamos ciertos pensamientos hacia las diferentes situaciones.
  2. Fisiológico: a nivel físico puede manifestarse de diferentes formas: temblores, sudoración, llanto, nauseas, urgencia para orinar, aceleración cardiaca, sequedad de boca, tensión muscular,…
  3. Motor: como gritos, evitación de la situación o del estímulo que provoca miedo, salir corriendo, irritabilidad, ira, agresividad…
    • Se prolonga en el tiempo
    • Gran intensidad de la respuesta
    • Malestar que provoca en el niño que los sufre
    • Interferencia en sus actividades diarias

En estos casos, podemos estar ante un problema que necesita de atención. Cuando no se cumplan estos criterios no es necesario una inminente intervención, pero si se puede aprender a que disminuya su frecuencia o intensidad.

Terapia para vencer miedos

           ¿Cómo se vence el miedo? Haciéndole frente en vez de evitarlo. ¿Cómo desaparece el miedo a esquiar? Esquiando. ¿Y a hablar en público? Dando conferencias. ¿Y a conducir? Conduciendo. Lógicamente antes de practicar hay que educar, es decir, recibir clases de un monitor de esquí, leer libros sobre oratoria o ir a la autoescuela.

En el caso de los niños el potencial de los padres para ayudar a superar el miedo infantil excesivo es enorme. Un niño de cuatro años se despierta asustado por una pesadilla y rompe a llorar. Los padres se acercan a la habitación, encienden la luz del pasillo, entornan la puerta y lo tranquilizan a oscuras. Al no encender la luz del dormitorio evitan que el hijo asocie oscuridad – pesadilla – miedo y, por el contrario, luz – padres – seguridad. Igualmente conceder mayor autonomía en vez de sobreproteger contribuye a que el hijo sea más independiente y previene que se aferre a la madre siguiéndola por toda la casa como si fuera su sombra.   

            Gracias a la educación, a la maduración y al desarrollo la mayoría de los niños consigue vencer los temores característicos de la infancia como el miedo a separarse de la madre o a los perros. Sin embargo, en un pequeño porcentaje de casos el miedo se agrava y, si no se trata, persiste hasta la edad adulta. Si el miedo es desproporcionado, produce sufrimiento al niño y altera el desarrollo conviene solicitar la ayuda profesional de un psicólogo clínico infantil para solucionar el problema e impedir que el miedo se convierta en fobia o en trastorno de ansiedad.

Cuando no se enfrenta el miedo

Las fobias

La fobia es una forma de miedo que se caracteriza por: tener una reacción de intensidad desproporcionada, ser irracional, se evitan las situaciones temidas, no corresponde a la edad o momento evolutivo, el miedo se prolonga durante largos periodos de tiempo, y que provoca un malestar significativo o interfiere en las actividades diarias del niño.

Aunque a simple vista parece difícil de diferenciar con el miedo, las fobias implican una intensidad elevada del miedo y con una larga duración, a veces va más allá de los dos años. Hay fobias p.e: a algunos animales o insectos que  no repercuten en el funcionamiento habitual del niño. En el caso de la fobia a las serpientes, es relativamente poco frecuente que el niño se tenga que enfrentar a ellas, y probablemente no produzca un malestar significativo de forma diaria, sino que será en muy contadas ocasiones. En estas circunstancias quizá no haga falta ningún tipo de tratamiento ya que la fobia es poco incapacitante.

En cambio si el estímulo es más frecuente como puede ser la fobia al agua, a lugares cerrados, la oscuridad, las tormentas,… quizá habría que plantearse una intervención ya que le puede interferir de forma significativa en su día a día y además provocar una reacción de ansiedad importante.

Muchos de estas fobias siguen estando vigentes cuando se llega a la edad adulta.

Es importante distinguir la fobia escolar

de aquellas situaciones en las que coincidiendo con el principio de la escolarización el niño se niega a ir al colegio, pero no es que tenga miedo a la escuela, sino que lo que no quiere es separarse de su madre, en estas primeras experiencias escolares aparecen la  rabia, enfado, oposición en el momento de salir de casa hacia la escuela. Y también distinguirla de aquellas situaciones en las que los niños hacen novillos, que se relacionaría más con un problema de conducta que con una fobia.

La ansiedad por separación

En el curso del desarrollo del niño hay momentos en los que la ansiedad o el miedo a la separación de las personas a las que se encuentra ligado emocionalmente el niño, son normales. Por lo tanto podemos considerarla como una ansiedad normal en el desarrollo de los niños aproximadamente hasta los 6 años.

El miedo a la separación es el primero y más básico de los miedos. Incluso se da en otras especies animales. Tiene una función adaptativa  ya que el teniendo  a los cuidadores se aseguran su  supervivencia, hasta que se desarrollen las habilidades necesarias para sobrevivir. Pero si este miedo se mantiene en el tiempo, y es desproporcionado en relación al nivel de desarrollo del sujeto, deja de ser útil y puede llegar a convertirse en el trastorno de ansiedad por separación. Suele ser más frecuente en las niñas y aparece sobre los 9 años.

Se trata de una ansiedad excesiva o no adecuada a la edad del niño, relacionada con la separación del hogar o de figuras importantes. Se debe dar en al menos 3 de estas circunstancias: 

  • Malestar repetido cuando hay o anticipa una separación respecto el hogar o figuras importantes (padres, cuidadores…)
  • Preocupación persistente por perder las personas con las que se halla vinculado o porque éstas sufran daño.
  • Preocupación persistente porque se produzca un acontecimiento que le separe de las figuras con las que mantiene más vínculos (p. ej. secuestro).
  • Resistencia o negativas repetidas a ir al colegio o cualquier otro lugar que implique separación.
  • Resistencia o negativa persistente a irse a dormir sin una persona significativa cerca.
  • Repetidas pesadillas con contenido de separaciones.
  • Quejas repetidas de síntomas físicos al ocurrir o anticipar la separación

Algunos factores que pueden hacer que aparezca la ansiedad por separación son:

  • Sobreprotección de los padres
  • Problemas psicológicos en los padres: depresión, ansiedad,..
  • Preocupaciones excesivas por parte de los niños.
  • Estructura familiar cerrada, dificultando la autonomía y relación del niño.
  • inhibición conductual y reacción fisiológica elevada (sudoración, taquicardia,…)

Si el niño evita continuamente las situaciones de separación, y no se fomenta su autonomía, así como si el niño obtiene ciertos beneficios con su forma de actuar, probablemente este trastorno se prolongue en el tiempo e incluso puede llegar a empeorar.

El trastorno de pánico

Los ataques o pánico o las crisis de ansiedad son apariciones repentinas e inesperadas de miedo intenso a perder el control, o a que algo horrible va a suceder o incluso miedo a morir o volverse loco, acompañados de síntomas físicos tales  como: dificultad para respirar, dolor en el pecho, palpitaciones, sudación, temblores, sensación de mareo e inestabilidad, hormigueo, nauseas y malestar abdominal,…

Por lo general, las crisis duran aproximadamente 10 minutos. Aquellas personas que han sufrido un ataque de ansiedad, tienen mayor probabilidad de sufrir otros a lo largo de su vida. Como consecuencia de las crisis de ansiedad  se produce un estado de temor a que estas se repitan. La mayor parte de las personas afectadas pueden desarrollar conductas  de evitación, con el  fin de evitar  situaciones en las que en caso de producirse una nueva crisis sería difícil escapar.

Aunque las  edades más frecuentes, en las que suelen iniciarse las crisis de ansiedad  son en la adolescencia,  los niños también pueden padecer crisis de ansiedad. Son niños que temen  excesivamente por sus relaciones sociales o por la posibilidad de que un familiar muera o por la posibilidad de sufrir  un accidente,…

Los ataques de pánico se relacionan con otros trastornos de ansiedad. En el caso de que el niño presente alguna respuesta de pánico tan intenso como el que hemos descrito es conveniente acudir a un profesional.

El trastorno obsesivo compulsivo

Al hablar de compulsiones o ritual se hace referencia a ciertas manías que están fuera de control totalmente y dominan por completo al niño que siente una necesidad imperiosa de repetirla una y otra vez precedidas por ciertos pensamientos obsesivos, fantásticos  o ilógicos. Por ejemplo cada vez que toque el pomo de una puerta tengo que ir urgentemente a lavarme las manos ya que allí habitan numerosas bacterias que pueden adentrarse en mi cuerpo y causarme la muerte. En el caso de que una persona tenga este tipo de pensamientos, automáticamente después de tocar un pomo de una puerta tendrá que ir a lavarse las manos para aliviar la ansiedad que le ha provocado el tocarlo. 

Las compulsiones, a diferencia de las manías, se realizan de forma consciente, el niño lucha contra ellas pero le asalta el miedo de que si no lo realiza algo terrible ocurrirá.

Por lo tanto para poder hablar de problemas en cuanto manías deben existir rituales muy rígidos en los niños, que se prolonguen en el tiempo, y que interfieran en la vida del niño. Suele ser entre los 8 y los 9 años cuando puede aparecer este trastorno en los niños, aunque su prevalencia en la población infantil no llega al 1%. Nunca tenemos que confundir estos rituales patológicos, sin ninguna utilidad aparente más que calmar la ansiedad de aquellos que son normales durante el desarrollo del niño. Por ejemplo entre los 3 y los 6 años aparecen ciertos rituales que se relacionan con la comida, o el sueño, que ayudan a los niños a crear ciertos hábitos saludables. En esta edad también pueden aparecer ciertos rituales lúdicos como contar baldosas, son pisar las líneas de las baldosas, no usar determinado color en los dibujos,… a partir de los 5 años también pueden aparecer de forma normal ciertas conductas supersticiosas como cruzar los dedos, caminar empezando por el pie derecho,… ya entre los siete y once años a los niños les gusta coleccionar objetos e incluso tener algunos objetos como talismanes de buena suerte. Todas estas conductas evidentemente no se consideran propias de ningún trastorno sino más bien son parte del desarrollo normal de los niños.

Sin embargo los rituales propios del TOC son conductas que   tienen como objetivo reducir una sensación de ansiedad y suelen demandar cierta cantidad de tiempo cada día, interfiriendo en la vida cotidiana. La interrupción este  ritual provoca irritación o incremento de la ansiedad. Todas estas conductas  son vistas  como perturbadoras por parte tanto de los padres como del personal escolar.

Las temáticas de las compulsiones más frecuentes en la infancia son:

  • Limpieza: en este caso el niño puede dedicarse a ordenar muchas veces las cosas, lavarlas muy a menudo, o lavarse las manos frecuentemente.
  • Contar: repetir constantemente un número, o bien tener que contar mentalmente cuando ocurre algo.
  • Comprobación: por ejemplo el niño puede comprobar si ha cerrado bien la ventana de su habitación en numerosas ocasiones antes de irse a dormir.
  • Hay algunos factores personales que pueden predisponer la aparición del TOC, tales como: perfeccionismo, pensamiento rígido, ansiedad, fobias, antecedentes familiares, obsesividad,…

Siempre que se sospeche la presencia de un TOC hay que consultar con un profesional con el fin de realizar una evaluación, y en el caso de confirmarse el diagnostico, realizarse la intervención adecuada. El TOC suele responder bastante bien a los tratamientos de psicoterapia.

Cómo ayudamos a enfrentar el miedo

Ten en cuenta que:

  • El miedo no desaparece de un momento a otro, necesita que tu actuación sea continuada y sistemática.
  • No le regañes ni ridiculices por lo que siente, dificultaras que decida enfrentarse a él.
  • No te preocupes demasiado dándole mucha importancia. Podría utilizar los miedos como excusa para zafarse de situaciones que no le gustan o tú podrías caer en el error de solucionarle la papeleta.
  • Dale al miedo la importancia justa si te ve demasiado preocupado utilizará la situación en su beneficio.
  • Intenta controlar experiencias desagradables que afiancen su miedo (asegúrate que el perro con el que vas a jugar permitirá que lo hagas sin ladrar o ponerse agresivo)
  • Refuerza cualquier esfuerzo que haga por vencer su miedo. Frases clave de ánimo como: “valiente, venga que tú puedes, lo has logrado, campeón!”
  • No le fuerces, si hoy no lo consigue inténtalo mañana. Cada niño necesita su tiempo, pero anímale a que él mismo compruebe lo irracioal de su miedo (“vamos a mirar juntos debajo de la cama como no hay nada”) o hazlo primero tú y pídele que repita la acción (“toca al perro y dile que acerque la mano”), convertirte en modelo te enseña como no pasa nada cuando lo haces.
  • Tus miedos puedes trasmitirlos, si tu hijo ve tu reacción la imitará , es común que si la madre tiene miedo a los perros también lo tenga su hijo o que si el padre se muerde la uñas aprenda el niño al verlo y lo repita. Tienes que controlar tu comportamiento ante las situaciones y objetos que te dan miedo y convertirte en modelo a imitar para el niño.
  • Los modelos más válidos para tu hijo son sus compañeros haciendo lo que a él le da miedo, procúrale experiencias de este tipo (Si le da miedo tirarse por el tobogán llévalo a un parque donde niños de su edad lo hagan)

Pasos para enseñar a tu hijo a enfrentar el miedo

Explícale qué es el miedo: un sentimiento muy fuerte que a veces no nos deja hacer cosas que nos gustan porque nos parece que si lo hacemos pasaría algo malo. Muchas veces lo que nos pasa es que no conocemos bien lo que nos da miedo y cuando nos lo “presentan” ya no es tan terrible.

Define a qué le tiene miedo tu hijo no es lo mismo que sea “a meterse en el agua” que si solo es a la piscina que el miedo sea a meterse en el mar”. Utilizaremos el miedo a bañarse en el mar para ejemplarizar el método que aplicaras a los miedos de tu hijo.

Tendrás que plantearte un objetivo al que llegar “bañarse solo en el mar”. Esa será la meta.

Establece con tu hijo comportamientos que le acerquen al objetivo y pídele que los puntúe de 0 a 10 según el miedo que le produce, ordena las situaciones de manera que vayan de más a menos miedo. Imagina ahora una escalera en cada peldaño un peldaño para que suba tu hijo y que lo haga en orden, es decir no le pides que se salte ninguno y no puede subir el siguiente hasta que el anterior deje de producirle miedo. ( si es posible presentar  las situaciones en una escalera)

12. Meterte en agua sin papá 10

11. Jugar en el agua 10

10. Bañarte en brazos de papá 10

9. Jugar con las olas 10

8. Permanecer un tiempo de la mano con papá hasta donde las olas te cubren la rodilla 10

7. Permanecer con papá de la mano un tiempo donde las olas te cubren el tobillo 9

6. Permanecer en la orilla dejando que el agua te moje 8

5. Estar en la orilla donde llega el agua dentro de una piscina de goma 7

4. Jugar con la arena mojada el cubo y la pala 5

3. Permanecer en la orilla donde está la arena mojada 2

2. Estar en la orilla de pie sin pisar la arena mojada 1

1. Estar en la playa 0

Partiendo de la situación que no le asusta, iras combinando variables que acerquen al niño al mar hasta que de el paso de bañarse.

  • Una será lograr permanecer a distancias cada vez más cortas de la meta, aproximarse cada vez más al agua.
  • Otra variable a combinar será el tiempo: que este cada vez más tiempo cerca del objeto temido. Al principio solo intentaremos que este unos segundos en la orilla pero ese tiempo tendrá que ir aumentando. Puedes contar en alto con él, si sabe, y pedirle al principio que este hasta 20 en la situación, luego hasta 50, luego hasta 100 (es esperable que si llega a contar cien en una misma situación haya disminuido el miedo que inicialmente le producía y podéis pasar a la situación siguiente).
  • La intensidad con que aparece el objeto temido ha de ser mayor cada vez también, el agua solo hasta los tobillos para que luego le llegue a las rodillas y así sucesivamente.
  • La dificultad de las situaciones también iremos aumentándola. Desde solamente dejar que nos moje el agua para pasar a jugar con las olas, saltar en el agua…
  • Busca acciones que le aproximen a la conducta meta: ver niños de su edad bañándose y pasándolo bien, hacer un dibujo del mar, enseñarle fotos de cuando estuvo en la playa de pequeño, imágenes del mar en calma y donde el mar sea para disfrutar, apúntale a un curso de natación…

La combinación de estas variables hace posible enfrentarse al miedo de forma paulatina hasta vencerlo como te proponíamos al principio del epígrafe.

Hay niños que lo que les cuesta más es el primer enfrentamiento, los hay que presentan más dificultades al final. Allí donde notes que sube la angustia pregúntale “¿te da miedo?” responde si retrocede al paso anterior y amplía los pasos a seguir antes de pasar el siguiente objetivo, ejemplo: entre el 7 y el ocho el niño se retira porque le da miedo

7. Permanecer con papá de la mano un tiempo (20 segundos) donde las olas te cubren el tobillo 9.

7.1Permanecer con papá de la mano y contar hasta 50 donde las olas cubren el tobillo.

7.2permanecer con papá de la mano y contar hasta cien donde las olas cubren el tobillo.

7.3Permanecer con papá de la mano un rato y saltar una vez donde las olas cubren el tobillo

7.4De la mano con papá jugar a saltar las olas donde cubren hasta el tobillo.

7.5permanecer con papa de la mano y contar hasta 20 donde el agua llega a la pantorrilla. (Repetir el paso contando sucesivamente hasta 50, 100 y luego añadir saltar)

8. Permanecer un tiempo de la mano con papá hasta donde las olas te cubren la rodilla 10

Como ves puedes introducir tantos pasos intermedios como tu hijo necesite para vencer el miedo, la clave está en buscar hasta que situación llega sin sentir miedo y una vez que este aparece mantenerte en la situación y repetirla hasta que este disminuya.

Con los más pequeños los cuentos para disminuir el miedo a los monstruos y fantasmas es muy eficaz

Si estás interesado en recibir terapia psicológica para solucionar un problema de miedos llámanos al 914 13 99 52 /618 133 217 y pide tu primera sesión, donde evaluaremos las necesidades concretas del caso.

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